viernes, 30 de diciembre de 2016

Ella


Ella veía la luz en la primera luna llena de este año que termina.

Ella acaba el año entre sonrisa y carcajada, porque sabe, desde su inocente sabiduría, que una sonrisa es mucho más útil y valiosa, da mucha más fuerza, que una lágrima.

Ella no levanta un metro del suelo y tiene más pinchazos en su cuerpo que su padre y más informes médicos que su madre. Pero ella no llora. Ella se cae y como un rayo se levanta, dando lecciones de fortaleza cada día que pasa.

Ella no quiere parar a no ser que sea para dormir o comer, porque sabe que le espera un mundo maravilloso por descubrir, por recorrer, y no tiene ganas de perder el tiempo.

Ella regala sonrisas al familiar y al extraño; ella es el mejor remedio contra la depresión, la mejor excusa para no conformarse, para seguir adelante.

Ella encuentra la felicidad en lo simple: un trozo de pan, el viento en su cara, música en directo o el bullicio de la gente.

Y aplaude, aplaude… y aplaude. ¡Es para aplaudir! Ella es única y lo siente. Por eso aplaude: para que nosotras también lo sintamos.

A ella no le gusta dormir sola (¿hay alguien en este mundo al que le guste?), y dormirse enganchada al pecho de su madre es su placer más reprobado.

Ella “de a poquitos”, me consume la energía, me llena de miedos y dudas, me hace dibujar futuros difíciles… me quita de ratos de fiesta, me aleja de las amistades, me trastea el sueño y me prohíbe emborracharme.

Ella “de a muchos”, me colma el alma de luz, me descubre un mundo nuevo, me muestra la verdadera BELLEZA de la vida en sus ojos vivaces.

Ella, mi mejor proyecto. Ella, una estrella resplandeciente en este cielo tan oscuro que ha sido el 2016.  Ella... mi maestra.

Deseo un 2017 cargado de retos superados, batallas ganadas y sonrisas compartidas… sobre todo para ELLA.

Mientras mayor es la lucha, más glorioso es el triunfo

(El circo de las mariposas)

lunes, 20 de junio de 2016

TECHO DE CRISTAL


Y en un momento en el que comenzaba a andar con soltura sobre el hilo de funambulista que es actualmente mi caótica rutina, llega una llamada y el hilo se tambalea. Y otra vez a plantearme si irme o quedarme; si soltar lo bueno conocido o coger lo ¿posiblemente bueno? por conocer; a decidir sobre si ascender o no en la escala falocéntrica social; ¿pueblo o ciudad?; ¿institución o asociación?

Hasta hace no pocos meses me hubiera decantado sobre lo nuevo, la aventura, lo desconocido... aquello que pensaba que iba a aportar una visión nueva a mi carrera profesional y por tanto enriquecería mi vida personal.

Pero ahora todo es diferente, más bien ahora todo lo que ha cambiado es que soy MADRE. Y eso lo cambia todo. Madre sí; pero madre de las modernas. Soy de esas madres que trabajan fuera de casa, encima en algo que me encanta. Soy de esas madres que son conscientes de que además de madre, son mujeres y personas individuales, y tengo mis deseos, mis manías, mis hobbies y mi vida propia, a parte de mi vida de familia. De esas madres que tienen entre sus libros manifiestos feministas entrecruzados con estudios sobre crianza con apego, guías de viajes y ensayos sobre política internacional... De esas madres, que solo por el hecho de serlo en ésta época y en ésta sociedad, cada día sufren pequeños ataques de culpabilidad, porque si se van a trabajar, descuidan la casa, y si dedican tiempo a tareas del hogar, descuidan su propia libertad.

Y me encuentro en la encrucijada de seguir trabajando a media jornada en el pueblo o irme a la ciudad a tiempo completo, a trabajar para la administración en un puesto muy enriquecedor, durante 5 meses.

Mi trabajo es modesto, pero es maravilloso. Trabajo con alma en una ONGD en mi Valle, con gente increiblemente buena (de corazón y profesionalmente) a mis costados, y con un valor humano extraordinario que ha hecho posible hacer más llevadera mi vida familiar, un poco compleja, por la enfermedad de mi hija. Esto se une al apoyo familiar que tengo, que no es poco, y lo que podría ser un triple salto mortal sin red, se éstá convirtiendo poco a poco en un salto de “más difícil todavía”, complicado, pero que con trabajo y esfuerzo se consigue.

Ya está decidido, ¡me quedo en el pueblo! Y he aquí, que hace aparición en este circo de lo absurdo, mi formación en género a recordarme el TECHO DE CRISTAL1 y el SUELO PEGAJOSO2.

Aún a sabiendas de estar engordando las terribles estadísticas que nos excluyen a las mujeres de las esferas de poder. Y no es que no tenga ambición, que la tengo. Es que quiero jugar a otro juego.

A un juego en el que la felicidad se encuentra en dosis más altas en la ruralidad, y no en las ciudades y el dinero. Al juego en el que la familia está cercana; a ese en el que “mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

Así que ¡se acabó de poner por encima de todo el éxito profesional o la riqueza monetaria! El mundo falocentrico ciudadano consumista se combate con ruralidad cooperatista con energía femenina.

Puede que esto solo sea un discurso de panfleto para darle la vuelta a los conceptos de techo de cristal y suelo pegajoso. O puede que lo que digo, siento y creo, cada vez está más cerca de lo que hago. Y a eso se le llama re-evolución interna.


1Techo de Cristal:. Se trata de un techo que limita las carreras profesionales de las mujeres, difícil de traspasar y que les impide seguir avanzando. Es invisible porque no existen leyes o dispositivos sociales establecidos y oficiales que impongan una limitación explícita en la carrera laboral de las mujeres

2 Suelo Pegajoso: se refiere a las tareas de cuidado y vida familiar a las que tradicionalmente se ha relegado a las mujeres

miércoles, 20 de abril de 2016

Para Celia (o Si se quiere, se puede)

Noche del 15 de Abril 2016

Después de un parón de unos meses, aquí estoy de nuevo escribiendo y como casi siempre, a modo de terapia personal.
A algunos, entre ellos mi pareja, esto de que airee tan alegremente mi vida privada a cualquiera que se pare a dedicarme diez minutos de su tiempo, les parece poco discreto y hasta de mal gusto. Pero a mí me suele dar igual lo opinen otros en general de lo que hago o dejo de hacer. Así que aplicando la máxima de “al que no le guste, que no lea” ahí va un pedacito más de mi vida, que tengo las ganas de soltar en este blog.

Para el que no lo sepa, el 23 de Enero de 2016 me convertí en madre y como ya hay mucha verborrea sobre el tema, no me voy a explayar demasiado en lo mucho, muchísimo que duele el parto (más la dilatación, la verdad) y la felicidad plácida y placentera que se siente momentos después, al ver su carita redonda...la habitación se inunda de su luz y... bueno, bueno; que he dicho que no me quiero explayar en esto. En esos primeros días de extrema felicidad mi tiempo fue para sentirla y vivirla, no para escribirla.

Y así lo que antes era “El mundo y la Karmela” ahora se ha convertido en “El mundo, Mario, Celia y la Karmela” y he pasado de pensar por y para una a pensar por y para tres. Y eso te deja menos tiempo a tí misma de lo que yo me imaginaba. Vamos, que ya no tengo tiempo ni para cagar tranquila y agusto.

Ya había pasado un mes de su nacimiento y mi hija, glotona, curiosa y simpática, crecía, engordaba y actuaba según los estándares, cuando comencé a notarle un tic en el ojo. Al principio no le di mucha importancia, pero el tic se repetía cada vez más veces a lo largo del día y comencé a asociarlo con otros movimientos que le había hecho anteriormente y empecé a intuir que eso no era normal. Después de señalarlo a la pediatra y a personas de mi entorno, que como yo en un principio, no le dieron importancia, como insistí en que aquello no era normal y el tic persistía, la pediatra finalmente nos derivó al especialista.

Y aquí estoy, viviendo en el hospital desde hace casi tres semanas, con un diagnóstico de Epilepsia para mi hija de dos meses y medio, sin que esta responda demasiado a los fármacos y sin conocer la causa de su enfermedad.

Y llegó la hora del tópico típico, de “no sabes lo que sufre una madre por su hijo hasta que eres madre” pero es que es verdad. Se me parte el alma cuando la oigo llorar desconsoladamente en una prueba y no puedo hacer nada; o cuando tiene la enésima crisis del día y los fármacos no le están haciendo efecto. Y yo ni sé, ni puedo hacer nada más para aliviar su dolor o para curar su enfermedad. O quizá sí....

Superado el estado de Shock que sufres cuando te dan un diagnóstico de epilepsia, comienzan las dudas a las que ni siquiera el médico sabe responder ¿esto se cura? ¿se opera? ¿le causará daño o retraso en su desarrollo? ¿a ella le duele? ¿porqué le sucede?
Unes amor de madre con curiosidad científica innata y mi costumbre de preguntarlo todo, y en menos de un día y medio estoy segura de que en la planta ya se me conocía como “la pesada madre preguntona de Celia”. Además, la niña mulata y el padre negro y nos hemos convertido en un instante en los famosos de la planta. Tu vida pasa a ser sin quererlo el tema de tertulia de los cafés del personal sanitario y de limpieza.

Y aquí es donde comienzan los comentarios desafortunados por parte de algunos trabajadores como “ a tu niña no le pasa nada, lo que pasa es que estás obsesionada con ella” o “necesitas ir a por el segundo y así se te olvida”. Pero en fin, idiotas supongo que hay en todas partes, aunque para soltar esas mierdas cuando tú menos lo necesitas, se podían meter la lengua en el culo (con perdón) que más a gusto estaríamos los demás.

Y después del shock, comienza la pena y el miedo, que se pasa mal, pero afortunadamente para mí, creo que estoy superándola y ha llegado el momento de la acción. Comienzo a investigar, a saber, a conocer. A leer sobre fármacos, otras terapias, asociaciones, tipos de epilepsia, consecuencias... Y empiezas a darte un poco más cuenta de la realidad y a ponerte en el mejor y en el peor de los casos. Y a pensar como puedes darle a tu hija lo mejor para ella, para que desarrolle herramientas para ser fuerte. Porque soy de las que piensa que los límites tienen más que ver con la voluntad que con la capacidad.


Así que mi Celia querida, no se lo fácil o lo difícil que se te va a presentar la vida, pero con la fuerza que has venido al mundo y lo cabezotas y perseverantes que son tus padres, se que coraje y voluntad no te van a faltar para llegar hasta donde te propongas. Hasta donde desees..Si quieres, puedes. No veas tu enfermedad como un límite, sino como una característica que te hace única y extraordinaria. Yo estaré ahí al ladito para animarte en aquello que hagas, y si es necesario, ayudarte a levantar cuando te caigas. Ah!! Y se que no estamos solas!! Tenemos un equipazo de tíxs, primxs, abuelxs y demás familia y amigxs, que se les cae la baba con una mirada tuya. El mundo está a tu favor, mi vida, aprovéchalo!!!

domingo, 17 de enero de 2016

Yo, que no soy sexo débil

Y tu llegada se acerca y me viene a la memoria esa linda canción de Fede Comin y Elena Bugedo, “Mira como tiemblo”. Me repito a mí misma que yo puedo, y hay días que me siento tan grande que podría comerme el mundo: tan en el centro, tan en mí misma, tan consciente.... y de repente, en un ratito, sobretodo cuando me voy a dormir, me invade la incertidumbre, el miedo a no poder o a no saber el qué vendrá, y la certeza de saber que ese futuro próximo depende más de Dios o del destino, que de mí.

Pero me calmo, y me digo que ese destino me sonríe y me ha sonreído hasta ahora. Y como dice mi Estrella, “yo he venido a este mundo a ser Muy Feliz”. Cualquier cosa por debajo, no es para mí. Y lo que me viene encima tiene tintes de ser una gran luz blanca en el camino de mi vida.

¡Y de débil nada, señora! Que soy de esa mitad de la población humana que es capaz de dar vida sintiendo mucho dolor, que es capaz de amar con toda su alma algo desconocido; a la que se le atribuyen cualidades como la paciencia, el cuidado a los demás y la sensibilidad. De esa mitad de la población humana que ha sido silenciada durante siglos a base de golpes y humillaciones...

Pero se acabó el momento de la guerra y empieza el momento de la comprensión, del todo, del uno, de lo holístico. El trabajo productivo no existe sin el trabajo de cuidados; la vida pública, es inviable sin la vida doméstica; el individuo depende de la sociedad, y ésta de la naturaleza... Nos necesitamos, y nuestro futuro depende de entender o no entender esto.

Por eso, las líneas que separan la ecología de la economía, lo productivo de lo doméstico, el hombre de la mujer, la vida pública de la vida privada, la fortaleza de la sensibilidad...deben y tienen que diluirse, es necesario para el nuevo tiempo llega. Y no podemos poner el grito en el cielo cada vez que alguien llora en público, o que lleva a su bebé al trabajo, decidiendo compatibilizar su carrera profesional con la maternidad.


No se trata de ser supermamis, ni de aparentar, se trata de diluir fronteras...se trata de elegir lo mejor para tí, para tu familia y para la sociedad, haciendo visible algo que hasta ahora y cada vez más, era parte de tu vida privada. Y personalmente, prefiero una sociedad humanizada y natural, donde la crianza toma un papel importante (al fin y al cabo, es el futuro), que una sociedad consumista, donde las nuevas generaciones existen solo como objetos consumidores y futuros productores, echándolos por completo de cualquier otro ámbito social y público.  

viernes, 1 de enero de 2016

En el principio... ¡Feliz 2016!

Principio de 2016 y me levanto con la ilusión de hacer balance de 2015 y enviar mis mejores deseos para el nuevo año que entra.

El 2015 para mí se resume en un gran trabajo interior, gracias al cual estoy empezando a valorar lo esencial de la vida y a priorizar deseos y necesidades, dándome cuenta cada vez más de lo lejos que estoy de sentirme cómoda dentro de la Norma Social Establecida.

El 2015 me ha dado un trabajo de muchos meses en un mundo que aunque cercano, se me antoja molesto y rechazable, porque de alguna manera representa esos valores de consumismo y frivolidad que la sociedad occidental ha impuesto como síntoma de poder y éxito.

Probablemente nunca hasta este 2015 he trabajado tan cerca de poderes económicos y nunca me he sentido tan exclava del dinero. Irónicamente, también ha sido un trabajo que me ha dado alegría y divertimento, pero el no dedicar mi tiempo a los excluidos, a los olvidados, a contribuir al fin y al cabo a crear un mundo con más corazón, me entristecía a menudo, pensando que perdía mi tiempo en algo que no merecía tanto la pena.

Mi semi-estabilidad económica ha dejado que me permita soñar... y así Mario y yo nos aventuramos a la paternidad y el 2016 nos traerá a nuestra hija Celia. Seguro este es el reto más díficil e ilusionante al que me he enfrentado, y me aproximo a él con miedo y coraje a partes iguales, teniendo la certeza de que nada puede salir mal, porque el amor, la compasión y la felicidad que inunda mi ser estando embarazada, debe ser solo la antesala de lo que me espera cuando mi hija llegue al mundo...“Dar a luz”, “estar en estado de buena esperanza”... ¡qué bonitas palabras para expresar esto que se siente!
Y aquí estoy, con una barrigota de más de 7 meses, viviendo sensaciones que ni el mejor de los viajes que he hecho hasta ahora me ha dado, sin saber muy bien cómo poner palabras a esto que me invade, y con una sonrisa que se me dispara cada vez que Celia se mueve en mi interior. El parto asusta, claro; pero después de un gran dolor de seguro viene una gran felicidad, y me siento preparada para afrontar con valentia de mujer las dos cosas.

En otro orden de cosas el 2016 también me pone delante de las narices dos retos inaplazables: trabajar por un mundo mejor desde mi tierra, gracias al proyecto Zaleando Barreras que con tanta ilusión hemos planificado y que por fín va a materializarse, y finalizar mi investigación personal, esa reflexión desde abajo y lo pequeño que rumia mi cabeza y mi biblioteca desde hace más de 4 años y al que debo dar forma antes de que acabe el año.

Esto es todo lo que pido a este año que comienza: una nueva vida, mucho trabajo ilusionante que hacer, y fortaleza y salud para afrontrar estos grandes retos. De amor voy sobrada, gracias a mi incomparable familia, mi pareja y mis amig@s. Y el dinero... bueno, el dinero es necesario, pero nunca fue lo importante.


Después de un 2015 cuanto menos turbulento e inestable, os deseo un 2016 lleno de luz en la oscuridad, de decisión en la incertidumbre, de alegría en mitad de la penuria y de esperanza y compasión frente al sistema del miedo y del odio. Como dijo E.Galeano, fallecido en 2015, “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. ¡¡¡Mucho ánimo con vuestras pequeñas cosas!!!