martes, 5 de mayo de 2015

Lo simple y ordinario, se vuelve extraordinario

 Las cosas, con tiempo y una copa de vino, se digieren mejor. La paciencia, eso que tanto me cuesta a veces soportar, se vuelve esencial en esta vida para encontrarse y disfrutar del camino.

Las metas, los objetivos, las aspiraciones, los deseos... en multitud de ocasiones nos hacen olvidar que en el camino, en los pasos lentos que vamos dando día a día, es donde se encuentra la belleza, la plenitud, la felicidad.

Siento que ahora debo tomar una actitud pasiva y receptiva, aceptando lo que llega a mí, y adaptándome a las situaciones, aunque para ello tenga que dejar a un lado la obsesión por llegar a esos grandes retos que a menudo me marco.

Y quizá eso suponga participar un poco menos de la sociedad, para centrarme un poco más en mí misma. El mundo me necesita y yo le necesito a él, pero como decía dice el proverbio chino “antes de cambiar el mundo, da tres vueltas a tu casa”. Hace tiempo, entendí “mi casa” como mi sociedad, mi pueblo, mi región. Ahora entiendo que mi casa soy yo. Quiero ser consciente de mí misma y de mi relación con la Tierra y todo lo vivo, para poder así entregar en plenitud mi alma a todo lo que me rodea, y generar el equilibrio.

Y esto no es más que un trabajo de belleza y decrecimiento. Decrecer en necesidad para descubrir la belleza de lo simple.


Gracias a Mandie, por el aprendizaje mutuo y a Mario, por la simple belleza... es lindo, encontrarse por el camino.

1 comentario:

  1. Cuanto más simple, mejor
    Cuanto más pausado, más bello
    Cuando te reconoces de verdad, te das cuenta que no somos importantes

    ResponderEliminar