lunes, 9 de diciembre de 2013

Arroz y risas

Escrito por elmundoylakarmela 22-10-2013 en madagascarComentarios (0)
Me despierto y me doy cuenta de que vivo en un pueblo medieval. El “¡agua va!”, los pollos por la calle, la cocina de carbón sobre el suelo, y los niños sucios haciendo sus necesidades en cualquier esquina, me hacen sentir que he retrocedido muchos años.

Observo un poco más: los plásticos se mezclan con la mierda (perdón) de zebú y cabra, el taxi brousse toca la bocina, un teléfono móvil suena y la radio del vecino a todo volumen pasa el último hit gasy.

Todo parece una película ambientada mal hecha.

No entiendo cómo, pero yo me siento feliz en este sitio. El sol brilla todo el tiempo o casi todo el tiempo. La gente sonríe y parece no tener problemas desde la mañana hasta la noche. Y sí, es verdad, hay millones de enfermedades, muchas muertes y comen arroz con pescado todos los días. Y es verdad también que su vida, que depende completamente del bosque y lagon, tiene los días contados si sigue a este ritmo de destrucción. Y hay violaciones, embarazos prematuros, analfabetismo, no hay medicinas y el día a día es duro. Hay tantos problemas que una a veces no sabe por donde empezar.

Pero en mi empeño de observar el lado positivo de la desgracia, me doy cuenta de la alegría que se respira. Mismo de una gran desgracia, los gasys se parten de risa. Es increíble el humor con que se toman la vida, realmente sorprendente. El otro día vi a una pareja discutir y el marido cogió una piedra del suelo para tirársela a la mujer. La mujer echó a correr, y en lugar de una cara de pánico, la risa que le daba casi no le permitía continuar. Afortunadamente, los hombres de alrededor pararon al agresor. Un rato después, comentaban entre risas con la mujer lo cómico del asusto. Y así con casi todo. Me cuentan que en el ciclón, tuvieron que quitar el sonido de las imágenes tan duras del mismo, porque de fondo se oía gente riéndose.

Y cada mañana me cruzo con diez niños que me sonríen y me dicen “bonjour, cadeau”. Llego al trabajo, y me esperan 4 personas a la puerta para contarme problemas, pero después escucho a los niños de la classe vert reír y cantar. Y la vida parece simple y dura. Pero me bajo de mi mundo, y me digo, que verdaderamente yo soy feliz aquí porque no tengo que levantarme a las 4 de la mañana para buscar agua en el pozo, no tengo 5 niños que alimentar, no tengo una casa de suelo de arena, y no tengo que hacer mis necesidades a la vista de todos. Puedo comprar medicinas, y si enfermo, tengo los medios para poder salir de aquí bastante rápido. Si yo fuera ellos (sobretodo ellas), no sonreiría tanto como lo hacen. Pero ellas sonríen.
Cuánto nos queda por aprender de la alegría y la felicidad. Mas bien, cuánto nos queda por desaprender. El mal llamado “desarrollo” nos ha dado muchas cosas materiales, nos deja vivir más tiempo y más cómodos, pero también nos ha puesto más gordos y más tristes. Aquí la vida hay que ganársela día a día, y se hace dura y cuesta arriba. Allí la vida se hace cuesta arriba, pero sentado frente a un televisor que nos hace olvidar que cada día debería de ser un reto a superar, levantándonos con buena disposición cada mañana, dispuestos a comernos el mundo. El mundo es grande y duro, pero si los gasys pueden sobrevivir alegres aquí, no hay razón para que nosotros, los occidentales, nos vengamos abajo.

Tengo muchos amigos en malas situaciones actualmente en España: con un banco que les ahoga, un retorno a la casa de su familia, un embargo... harían bien en mirar con perspectiva y replantearse sus retos. No digo que haya que aceptar este recorte en derechos que ahora mismo estamos sufriendo. Digo que hay que luchar con ganas y alegría. Que no dejemos que el hedor de corrupción y desgracia que se respira alrededor, nos paralice o nos anule. Y no se a vosotros, pero mejor arroz, trabajo duro y risas cada día, que tele, sofá y lamentos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario