lunes, 9 de diciembre de 2013

Descubre Tana en ambulancia

Escrito por elmundoylakarmela 07-12-2013 en madagascarComentarios (0)

Descubre Tana en... ¡ambulancia!

6/12/2013
Ante todo, no se asusten. Estoy bien.
Resulta que vengo padeciendo infecciones de oído y una creciente sordera prácticamente desde que llegué a este bonito país sin apenas asistencias médicas. Cuando tuve la primera infección, ilusa de mi, llamé al seguro y me dijeron que para que me viera un especialista, había que ir a Antananarivo. Yo refusé la apetitosa oferta de ir a Tana en avión, por parecerme excesivo para una triste infección de oído, comparado con lo que se ve por aquí a diario, además de doloroso (volar con los oídos malos no debe de ser bueno.
Después de probar distintos remedios caseros y varios hospitales cercanos, decido tomarme una semana de descanso (que falta me hace) y ya que estoy, ir a Antananarivo al especialista.
Un paseo por Manakara en tren (muy bonito, la verdad) y a Tana, a llamar al seguro para que me vea el especialista. 1 día en taxi brousse, 1 en tren por la selva, 2 en 4X4 por curvas espectaculares de Manakara a Tana y llego. Llamo; más bien llama mi madre desde España porque aquí no funciona bien. Me llaman y me dicen desde España que no son capaces de contactar con el médico de aquí ese día, pero como yo le expliqué que no era urgente, podrán contactarme mañana. Me preguntan mi dirección: les digo en un mal francés el nombre del hotel (de una cuarta estrella, que no de 4), que se encuentra perdido en mitad de una escalera en las callejuelas del centro y quedamos en que mañana me avisan. Pero resulta que a las 11 de la noche, un gracioso médico bajito y su enfermera guapa, se instalan con un maletín y muchos papeles en mi habitación, dispuestos a hacerme una traqueotomía con un capuchón de boli. Yo les explico que no es urgente, que quiero que el especialista me mire la sordera, pero ellos se empeñan en darme 2 cajas de amoxicilina y paracetamol a espuertas para calmarme un mínimo dolor existente. Antes de eso, no sin antes cometer uno de esos “descuidos de médicos malgaches” que es dejarte el osteotoscopio en el hospital y tener que regrerar a por él, dejando a la enfermera viendo una peli en el cuarto de hotel con el paciente.
A la mañana siguiente, yo ya me había mudado a un hotel un poco más salubre y después de una pequeña confusión, una ambulancia, esta vez con una enfermera un poco más fea que no habla francés, aparece a buscarme a la puerta del hotel. Me monto, con mi sudoku de la mano convencida de que tardaremos 2 horas en llegar al destino y no quepo en mi asombro cuando al minuto de estar en la furgo (para ser ambulancia debería de llevar algo más que una camilla medio rota dentro) comienza a sonar a todo trapo la sirena. Sino te dolía el odío, ahora te va a doler. Y empezamos a hacer el Rally de Tana, tampoco se puede decir que a gran velocidad, porque los coches, por mucha sirena que lleves, no se pueden apartar en esas calles estrechas. Al fin llegamos, entro rápido, firmo factura de ambulancia y radiografía y me dicen que a otro hospital. Con radiografía en mano, y transportando al médico y a la enfermera que hacen la visita domiciliaria, disfruto del paisaje a golpe de sirena que me ofrecen los cristales opacos de mi furgo. Esto, en este país, para este oído, me parece excesivo...
Bajándome de mi problema moral, llego al hospital universitario, en donde la sala de espera son los pasillos, sin sillas y sin luz en donde la gente se sienta en el suelo. Y como cualquier hijo de vecino, me siento en el suelo y espero. Cuando llega el médico (que se disculpa porque viene de una operación de urgencia) soy la primera a la que llaman.
Guapo el médico, joven... aquí la carrera dura 3 años. En su despacho, que parece más la cafetería que una sala de médico, comienzan a reunirse para comer los médicos de prácticas. Hasta dos veces tiene que mandarlos callar para poder seguir la consulta. Después de una entrevista muy profesional, dice que me receta la audiometría y el timpanograma, pero que tengo que ir a otro hospital más lejos porque el que las hace en este, está comiendo y ya no vuelve. Pero él sin embargo, quiere que nos veamos otra vez mañana con los resultados. Después de negociar con la ambulancia, quedamos en que iremos al otro hospital también mañana y que me llamarán. La tarde la paso un poco libre, aunque cansada de tanto atasco y tanta ambulancia.
La mañana siguiente llega, esta vez con un enfermero y mi informe de la mano. Lejos, muy lejos, al ladito de la fortaleza Super Espacial de la embajada de Estados unidos (Chano bevata biby), un hospital como un pueblito me espera para hacerme las pruebas. Confirmado, pierdo oído. Pero como ya es muy tarde, tendré que ir después de comer a darle las pruebas al especialista. Aquí soy rápida y le digo a la ambulancia que me deje en el mercadillo del jueves y que me recoja en el hostal esta tarde. El mercadillo era como el de Badajoz (todo productos chinos) pero con más negros y hablando en otro idioma. Yo, la única blanca, no entendía nada, pero seguro que decían cosas como:”bragas a 1000 Ariary”, “zapatillas del reibuk, nike...”, “lo estamos dando, lo estamos regalando”:
De la siesta, me despierta de nuevo el de la ambulancia, esta vez con una enfermerita joven y tímida, comiendo ambos un flash de esos “echo en casa” que venden aquí, dispuestos a llevarme de nuevo a ver al médico atractivo. Como de costumbre, este no está, espero sentada en el pasillo, y cuando llega...!oh famoso olvido malgache!...se le han olvidado las llaves del despacho. 20 min más tarde, aparece con las llaves del despacho de su compañero, disculpándose mil veces por el error. Yo le perdono, total, ya estoy embaída jugando con la pirámide unida por un imán a un ave que tiene su compi en la mesa (chino casi seguro). Mira los resultados: “en efecto: te estás quedando teniente”. Más pastillicas recetadas, y me llamas dentro de 8 días (porque como tengas que venir desde Tulear...).
Pago las últimas pastillas de mi bolsillo, porque llevamos un rato esperando a que el seguro confirme, y finalmente me dicen que tengo que pagar yo y que luego me lo devuelven. Y la ambulancia, esta vez sin sirena, me deposita a la puerta del hotel por última vez.
Conclusiones:

  • Como te pase algo realmente grave aquí...
  • Si hubiera estado en España, hubiera ido a centro GAES a hacerme la consulta gratuíta. Aquí tengo que pasar por varias etapas antes.
  • Ser vasaha, y pensar que todo esto se moviliza por tí, mientras ves lo que ves en la calle, se siente difícil.
  • ¡Qué rabia! Unos tanto, y otros tan poco...

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