lunes, 9 de diciembre de 2013

En Barranquito me quedo...

Escrito por elmundoylakarmela 03-05-2011 en GeneralComentarios (3)
En Barranquito me quedo...
 
Recién llego de un concierto en La Noche de Barranco... Andrés Prado (no confundir con Javier Prado ni con José Pardo, calles de Lima, como me pasa a mi). Lo he disfrutado sintiéndolo igual que él tocaba, lindo, con Duende. Ya mi noche empezó bonita, con una performace desacompasada que envolvia a ratos y endulzaba a veces. Varias personalidades representadas en dos personas y unas cuantas músicas.
Más tarde conocí a Jordi, contador de historias y en media hora, narró una vida de fábula y cuento, en la que no faltaban las palabras que me hacía parar y pensar... Y Richar, un escultor sordo con sensibilidad para el arte y para leer los labios a velocidad imposible de superar... Y el círculo vicioso, que es Lima para mí, donde se juntaron de casualidad, dos personas a las que quería contactar... Y finalmente el Jazz... ése tan lindo que no sabes si está sonando flamenco, salsa, bolero o tango... ese que ha sido capaz de silenciar a tanta gente, y de hacer notar por todo tu cuerpo un mar de música y energía que estremece.
 
Y es que Barranco tiene esa vibra. Estando más cerca del final de mi estancia que del principio, muchas imágenes vuelan en mis sentidos...
Los atardeceres en el Malecón, sola, acompañada, o de paseo con Rocío, que me silencian y a veces me envuelven para transladarme también al mismo tiempo, a Nayarit o a la Alcazaba de Badajoz.
Barranco tiene los mostruos de Julissa y las tardes de cante, guitarra o piano, del sonido oficial de mi edificio.
Mi portero, al que siempre me da pena despertar, y más si vengo en compañía, lo que ocurre a cada rato porque mi casa es un espacio abierto a los que se atreven a ser mis amigos y mis amigas.
También a las hormigas, que como dice Lou, son amigas, y de vez en cuando también se cuelan animales menos sociables, o por lo menos, con más mala prensa.
Tiene ese carnaval, que viví de azul primero, con rosa y máscara después....
Tiene el puente de los suspiros, mis mañanas corriendo hasta la playa y mis tardes, intentando sacar el arte que respiraba soplando por un saxofón que no quería corresponderme con su sonido...
Tiene las esperas a personas que sabes que no van a aparecer, o que aparecerán más tarde, pero a los cuales sigues queriendo, apreciando, y esperando.
Tiene la ensalada de frutas del lugar de comidas de enfrente, o los sangüiches de pollo con jugo bien fresquito, de las mañanas de resaca o sin dormir de la esquina.
Tiene a Jonny, del Juanito y a Diego, el del Flat, con su camiseta de José Olaya, "héroe nacional", que me recordará siempre a Lito y al día del Pisco Sauer.
Tiene el cuadro de la habitación grande, y los puff que han conocido buenos momentos, y momentos no tan buenos.
Tiene la habitación de debajo de la escalera a la que siempre tuve ganas de entrar, pero aún no conozco. O mis vecinos, los guapos o los interesantes, que me cruzo por los pasillos y que tampoco llegaré a conocer, aunque nos lo hayamos propuesto desde el primer día.
Tiene a Gared es su compu, o mi casa iluminada por velas en la Hora del Planeta.
Tiene tipos de seguridad que te sorprenden con su taparrostros, o lolitas rubias, gradotas y de edad avanzada, con las que te cruzas a las 5 de la tarde.
La bodega con futbolín, el olor de la ropa cuando viene de la lavandería, que es agradable aunque sepas que esa lavandaría te encoje la ropa; el Tizón, el Sargento Pimienta que me decepciona siempre, el Dragón del que todos hablan y nadie va, la tienda de antigüedades que da menús, las fachadas que te sorprenden con sus accesorios y pintadas y los azulejos de la acera de Cajamarca...
 
Tantas cosas tiene Barranco, que no podría acabar de compartirlas. Cada día acá es un mundo del que poco a poco, me voy a tener que despedir... porque este Barranco, también me ha hablado de la importancia de la soledad, y aunque he querido escucharle, la nostalgia me visitó agridulce en pocas ocasiones, pero profundas.
Cada cosa de Barranco, me hace querer compartirla con alguien de mi vida. En el Jazz, mi hermano Alf o Abel, o Eloy, rodaban por mi mente, porque lo hubieran disfrutado, y yo junto a ellos. Cuando descubro una nueva fachada, me acuerdo de Caty y cuando veo a los perritos de la calle, de Chido.
 
En fin, mi corazón dividido, por querer compartir todo lo siento con cada persona que conozco. Pero sé que eso no puede hacerse material, así que aquí dejo plasmado un trocito de este Barrio, que me acogió con los brazos abiertos y del que disfruto con el corazón dispuesto.
 
Seguiremos conociéndonos este mes que nos queda. Mientras tanto, un poquito de eso que siento: acá va Andrés Prado y su canción, Chincha:

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