lunes, 9 de diciembre de 2013

De la Felicidad y la Alegría

Escrito por elmundoylakarmela 27-09-2011 en GeneralComentarios (3)
De la Felicidad y la Alegría
"La alegría, ¿sabes? Es justamente lo que más he añorado. Posteriormente, seguro que sí, incluso he sido feliz; pero la felicidad es, respecto a la alegría, como una lámpara eléctrica respecto al sol. La felicidad siempre tiene un objeto, somos felices por algo, es un sentimiento cuya existencia depende de lo exterior. La alegría, en cambio, no tiene objeto. Te posee sin ningún motivo aparente, en su esencia se parece al sol: arde gracias a la combustión de su propio corazón."
Donde el corazón te lleve. Susanna Tamaro


Últimamente sonrío poco... y lo peor es que soy consciente de ello. Diversas circunstancias me han hecho reflexionar en los últimos meses sobre la felicidad, y aunque os parezca una tontería, hasta este año no me di cuenta del abismo tan grande que hay entre la felicidad y la alegría. Mis primeras reflexiones me llevaron a la conclusión de pensar que durante los últimos años de mi vida había sido una persona alegre, pero pocas veces me paré a pensar si era o no feliz. Convencida de que la felicidad era un fin mucho más importante que la alegría, comencé a preguntarme qué necesitaba para ser feliz, y busqué la respuesta por todos los lados, la perseguía... la ansiaba... estaba obsesionada con ella. Tanto, que esa búsqueda me fue borrando la sonrisa, y con ella se fue esfumando la alegría.

Si para ser feliz necesito un trabajo que me realice, y no lo tengo, no puedo ser feliz.
Si para ser feliz necesito una persona a mi lado que me susurre al oído que me quiere y a la que yo quiera también, y no lo tengo, no puedo ser feliz.
Si necesito tiempo libre suficiente para pasarlo con mis amigos o para ver a mi familia, y no lo tengo, no puedo ser feliz.
Si necesito dinero para viajar, o música para bailar, o guisos ricos para disfrutar, y no lo tengo, no puedo ser feliz.

Pero lo que pasé por alto en toda mi reflexión, es algo que si tengo y que no había valorado lo suficiente: mi sonrisa.

Cuando la Comunidad Sorda me bautizó, me puso el signo de reír a carcajadas, y no había pasado más de media hora con ellos.
Una vez, en una conferencia sobre motivación, el conferenciante acabó su ponencia haciendo alusiones a que era imposible no motivarse si en segunda fila había alguien como yo, con mirada atenta a lo que decía, y una sonrisa que no era capaz de borrar.
No puedo recordar la cantidad de veces en mi vida que me han dolido los mofletes porque en un largo periodo de tiempo no he sido capaz de dejar de sonreír o de reír a carcajadas.
Revisando fotos antiguas, me he dado cuenta de que si en alguna no estaba sonriendo, era porque estaba comiendo o hablando, cosa que los que me conocen saben que hago también muy a menudo.
Hasta llorando de dolor (físico o sentimental), recuerdo ocasiones en las que me reía o sonreía a la vez que lloraba.

Parece que una, cuando es niña, sonríe más, y según se va haciendo mayor, comienzan las preocupaciones, el stress, las tristezas... y se va olvidando de sonreír.Yo había sido capaz de mantener mi sonrisa casi intacta hasta hace muy poco tiempo, exactamente hasta que comencé a preocuparme por mi felicidad.
Pero hoy me he dado cuenta de que si pierdo mi sonrisa, con ella se va mi alegría y ésta, a lo largo de mi vida, siempre jugó un papel mucho más importante que mi felicidad. La felicidad me puede llegar o no según las circunstancias. Pero mi alegría, mi sonrisa, mi luz al fin y al cabo, eso tengo que poder controlarlo yo. Tengo que estar atenta y no despistarme, sonreír y estar alegre todo lo que pueda, porque tengo la impresión de que si pierdo ese sol que por naturaleza ya estaba en mí, va a
ser muy, pero que muy difícil recuperarlo.
Y aunque no se si eran felices, mis días de alegría los recuerdo buenos.

Mundo, podrás ponerme una y mil trabas (como estás haciendo) para no verme feliz, pero no pienso dejar que me arrebates la alegría.

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